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Cuesta reconocer el aspecto Centaury en una misma, pues no es muy agradable admitir que una pueda estar comportándose como el felpudo de nadie, pero una vez se accede a tomarla, es muy liberador el empujoncillo que nos da esta flor para plantarle cara a más de un abusón. Y no es que mi vida esté llena de abusones, ni mucho menos, pero el hecho de tomar la Centaurium umbelletaum esta semana me ha hecho estar más alerta respecto a esas situaciones en las que priorizaba la voluntad de otros a la mía, y optar por darle la vuelta a la tortilla. Se podría pensar que, como terapeuta que soy, es deformación profesional el poner por delante los intereses del otro, sin embargo no ha sido en el ámbito del trabajo donde he identificado estas situaciones, sino más bien en el personal.

Para mi sorpresa, las reacciones de los que han recibido mis “noes” estos días han sido de dos tipos: unos se han mostrados comprensivos y respetuosos frente a mi postura, mientras que algún otro ha optado por desaparecer airadamente. Con lo cual, considero Centaury como una buena aliada a la hora de hacer “criba” en las relaciones, ya que aquellas que vale la pena mantener son las que no se ven afectadas por un “no”, pues no están basadas en una supeditación de mi voluntad.

Y por supuesto, Centaury nos hace reflexionar acerca de porqué una adopta este tipo de roles, pues no hay abuso posible sin que una se deje abusar. Esa necesidad de aprobación, esas carencias afectivas, ay! a estas alturas! Menos mal que Centaury nos demuestra, dándonos el coraje de decir que no, que no nos van a querer más por ser más complacientes. Más bien al contrario, sin detrimento de esa capacidad de dar voluntariamente y de servir, por el mero goce de hacerlo o por pura vocación, que es la otra cara de la tortilla, y la más sabrosa.

Próxima semana: Cerato (Ceratostigma willmotiana)

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